Inducción forzada: Cuando ir a un Hospital se convierte en tu trampa

A estas alturas, todas/os conocemos la noticia de la mujer embarazada que sufrió la inducción forzada de su parto, impuesta por orden judicial en el Parc Sanitari Sant Joan de Deu, el Hospital de Sant Boi en Barcelona. 

Aunque he escrito ya sobre este suceso en el blog “Más de la Mitad” de 20 minutos, la gravedad de lo ocurrido es tal, y son tantas las preguntas que han surgido tras los debates posteriores a conocer la noticia, que he tomado la decisión de escribir otro post sobre todo lo que opino de este vergonzoso suceso, tanto a nivel personal como profesional.

Y he tardado en escribir, pero ha sido una decisión consciente. Porque no quería hacerlo en caliente, a pesar de que este tema me siga removiendo como desde el primer día en que Dona Llum y su socia y abogada Marta Busquets, lo denunciaba en su página y en las redes.

Porque la verdad es que pensaba que esto sólo podría ocurrir en aquellos países donde los derechos humanos de las mujeres son pisoteados de forma flagrante y la violencia obstétrica es tan encarnizada que hay que tipificarla como delito.

Pero no. Ha ocurrido en España.

En España, los derechos humanos de las mujeres también son pisoteados cada día y la violencia obstétrica se ceba con miles de embarazadas y madres, pero como tenemos leyes que nos “protegen” en teoría de todo ello, los abusos no se suelen realizar de forma tan descarada.

Todo queda como oculto en una maraña de falsa protección institucional, que en realidad no existe.

¿Quién protege a la mujer embarazada que está sola en un paritorio contra el profesional sanitario que la está maltratando?

¿Quién protege a la mujer que está sola frente a la navaja que empuña su ex marido, dispuesto a llevársela por delante en presencia de sus hijos?

¿Quién protege a la mujer que está sola en un patio frente a la escoria que está a punto de violarla? ¿Y frente al Guardia Civil que lo graba en vez de ayudarla? ¿Y frente al Guardia Civil que la está violando?

Estas son mis reflexiones, intentaré ser esquemática:

 

1.- La inducción del parto es una práctica médica que conlleva riesgos para la salud y la vida de las madres y los bebés.

inducción forzada

Este es el necesario punto de partida.

Estoy llevando el caso de un bebé fallecido por una inducción fracasada. Así que, por favor, si sientes la necesidad de discutirme este punto, no lo hagas, lo digo en serio.

El ginecólogo que ha colaborado con mis clientes ya nos ha explicado con absoluta profesionalidad y objetividad qué implica una inducción y qué ocurre si fracasa. Y se lo explicaremos al juez si la Administración no atiende nuestra reclamación.

El Ministerio de Sanidad, en este informe nos alertó ya el año pasado que el porcentaje de inducciones de parto se duplica en los Hospitales Públicos españoles (19,4%), superando con creces el índice de calidad del 10% que fija la OMS. Y nos dijo, textualmente:

La inducción al parto no está exenta de riesgos, por lo que su uso debe estar justificado por la presencia de algún o algunos factores de riesgo y tras una evaluación ajustada entre el riesgo/beneficio según la técnica o procedimiento que se emplee para la inducción.”

Los riesgos de la inducción del parto los indica la propia SEGO. Nos hablan de ellos matronas especializadas.

Y, entonces ¿por qué se siguen practicando de forma tan indiscriminada?

El propio informe del Ministerio de Sanidad nos los deja muy claro: Falta formación actualizada por parte de los profesionales sanitarios que atienden partos.  Repito: no me lo invento. Nos lo dijo a la cara la máxima autoridad sanitaria de nuestro país.

La trivialidad con que los profesionales sanitarios tratan a las inducciones me asombra y asusta a la vez. Superar de forma tan escandalosa el estándar de calidad fijado por la OMS corrobora lo que nos cuenta nuestro Ministerio en sus informes.

Si a eso le sumas la normalización (incluso exaltación) de los partos programados de las famosas en los medios de comunicación y redes sociales, apaga y vámonos.

Son muchísimas las mujeres que denuncian en las redes, en asociaciones, en los Hospitales, que se les indujo su parto sin ningún motivo y las secuelas y daños que ello les provocó.

En los Tribunales vemos casos de fallecimientos de madres y bebés que no soportaron esta actuación médica.

Que la inducción implica un riesgo para la salud o la vida de la madre o el bebé es algo objetivo, constatado por la evidencia científica, por las sentencias judiciales y por la experiencia de miles de usuarias.

Entonces, ¿Es posible obligar judicialmente a una mujer a someterse a una actuación médica que implica un riesgo para su salud y la de su vida para, en teoría, proteger a un bebé no nacido? ¿El bebé no nacido tiene ese derecho?

No. Y Voy a intentar explicarlo.

 

2.- El nasciturus sí tiene derechos.

nasciturus

Se llama nasciturus al ser concebido, pero no nacido. Es el ser humano en el periodo de su vida que va desde el momento de la concepción hasta el momento del nacimiento.

He leído en algún foro argumentar que el feto no tiene derechos mientras forma parte del cuerpo de su madre. Que las personas no tenemos derechos hasta que no nacemos.

Pero en nuestro ordenamiento jurídico no es así.

Nuestro Código Civil ya nos avanza en su articulo 29 que “ El nacimiento determina la personalidad; pero el concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables, siempre que nazca con las condiciones que expresa el artículo siguiente (es decir, que nazca con vida) “.

Al nasciturus  se le reconocen derechos  en materia de donaciones o herencias, por ejemplo. Incluso en la Comunidad Valenciana el nasciturus es tenido en cuenta como hermano ya vivo, en los procesos de admisión de los colegios, a los efectos de obtener la puntuación correspondiente por este motivo.

Pero el derecho fundamental que se le reconoce al nasciturus es el derecho a la vida, aunque con matices.

El Tribunal Constitucional  nos dice que si bien los no nacidos no  pueden considerarse en nuestro ordenamiento como titulares del derecho fundamental a la vida que garantiza nuestra constitución, esto no significa que resulten privados de toda protección constitucional,  ya que la vida en formación merece esa protección.

Por ejemplo, el bebé por nacer tiene derecho a que no se experimente con él una vez traspasada la barrera de los 14 días de fecundación… ¿Y antes? . Antes no, antes se considera que el embrión humano no tiene estatuto especial y es “éticamente” aceptable usarlo para experimentar. Ahí lo dejo. No estoy reflejando mi opinión personal, sino lo que objetivamente dice la ley.

Asimismo, el bebé por nacer tiene derecho a la vida o, mejor dicho  a que su “vida”  no se interrumpa a partir de la semana 14ª de gestación. Aunque hasta la semana 22ª es posible interrumpir el embarazo por causas médicas.

Transcurrido ese plazo, la ley ya no permite el aborto y prefiere indicarnos que en caso de existir un riesgo para la vida o salud de la madre, más allá de la semana 22ª de gestación, lo adecuado será la práctica de un parto inducido, “con lo que el derecho a la vida e integridad física de la mujer y el interés en la protección de la vida se armonizan plenamente.”.

El aborto realizado en los casos no permitidos por la ley están penados en el Código Penal, si bien, la madre nunca irá a prisión – sí los profesionales que lo practiquen- y se le condena con pena de multa.

Aclarado este punto, ¿significa que estoy de acuerdo con la actuación de la ginecóloga y el juez, que justifican su actuación en base a una pretendida protección de la vida del feto que, según ellos corría peligro? No. Y paso a esta cuestión.

 

3.- ¿La protección de la vida del feto puede justificar la violación de los derechos fundamentales de su madre?

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No. Siguiendo las tesis del Tribunal Constitucional el legislador lo tiene claro: La vida prenatal es un bien jurídico merecedor de protección que el legislador debe hacer eficaz, sin ignorar que la forma en que se configure tal garantía estará siempre intermediada por la garantía de los derechos fundamentales de la mujer embarazada.

Hay que puntualizar que, en el caso concreto, está claro que la vida del feto no corría peligro, puesto que cuando la madre fue trasladada al Hospital escoltada por los Mossos D’Esquadra como una delincuente, tuvo que esperar más de 5 horas hasta que le indujeron el parto. En caso de urgencia y peligro inminente para el feto, cualquier profesional sabe que el bebé no hubiera sobrevivido esas horas de espera o hubiera quedado con graves secuelas.

Pero como los que escriben opiniones, lo hacen sobre la base de entender qué hubiera pasado si el bebé en realidad sí hubiera estado corriendo peligro, tengo que pronunciarme.

No es posible desde el punto de vista ético, moral y legal, pasar por encima de los derechos humanos fundamentales de la madre a preservar su integridad física y psíquica y a prestar su consentimiento a cualquier actuación médica que se pretenda realizar en su cuerpo. Por lo que alcanzo a leer en las noticias, no se le respetaron ni los más elementales derechos que tiene toda persona retenida o detenida en contra de su voluntad.

Los terroristas, los narcotraficantes que introducen en sus cuerpos droga o incluso los presos que hacen huelgas de hambre en la cárcel tienen sus derechos a la integridad física garantizados. La mujer madre ciudadana libre (con libertad deambulatoria), consciente, cuyo único delito fue discrepar de la opinión de una ginecóloga, parece que no.

No es posible desde el punto de vista ético, moral y legal obligar a la madre a pasar por una situación que supone un riesgo constatado para su salud (inducción), para preservar el “posible” bienestar de su bebé por nacer, en base a una mera opinión de una única profesional – con dudoso criterio médico-  y sin tener en cuenta que esa actuación médica también implicaba riesgos para el feto.

Ya sabemos que el bebé por nacer tiene derecho a que no se interrumpa su vida. Pero ni siquiera la ley orgánica que regula la interrupción voluntaria del embarazo en España fue capaz de idear algo igual a lo ocurrido, ya que, como antes he indicado, incluso tras la 22ª semana de gestación, sería posible la inducción del parto, si el embarazo implica un riesgo para la vida o salud de la madre, puesto que, en ese caso, se considera que el feto podría llegar a vivir fuera del vientre materno, aunque evidentemente no sea posible en todos los casos.

Es decir, para preservar la vida o salud de la madre, sería posible desde un punto de vista jurídico, poner en riesgo la vida de un nasciturus, aunque ya tenga reconocido su derecho a la vida. Eso no me lo invento y no es una opinión, me lo dice la ley.

Pero nuestro ordenamiento jurídico no contempla el supuesto inverso, porque legalmente y éticamente no es posible. Del mismo modo que jamás se podría obligar a una madre a someterse a ninguna actuación médica, -por pequeña que fuera -para salvar la vida de su hijo ya nacido y menos a poner en riesgo su vida y su salud (imaginemos análisis, transfusiones, trasplantes…), tampoco es posible cuando se trata de un bebé no nacido.


No es posible pisotear el cuerpo de la madre, apresarla, obligarle a que se introduzca en su cuerpo una sustancia peligrosa (por ejemplo oxitocina), un medicamento a través de un gotero y a que se le practiquen técnicas médicas instrumentalizadas para preservar el bienestar de su hijo, nacido o no.

No es posible someterla a un tratamiento que, en caso de fracaso, deberá terminar en una intervención quirúrgica como es una cesárea, no exenta igualmente de riesgos para su vida.


 

Cuestión distinta es que las madres aceptemos estas actuaciones para salvar las vidas de nuestros hijos. Yo daría la mía a cambio.

Pero esa aceptación requiere, por ley expresa, una información exhaustiva de qué nos puede pasar. Una información que en este caso no se dio, por arrogancia e ignorancia.

La mujer abandonó el Hospital cuando la ginecóloga no supo explicarle las consecuencias de la inducción. O puede que desconociera su obligación legal de hacerlo, que eso también me lo sé y es bastante frecuente.

Cometió el atrevimiento de discrepar o no confiar en esa profesional.

Pero… ¿Podemos los pacientes y usuarios desconfiar de la opiniones o diagnósticos médicos?

Sí. Pero por supuesto que sí. ¿Quién ha cometido el atrevimiento de dudarlo?

Hay pacientes que les ocurre lo contrario. Que se lamentan de no haber desconfiado y no haber huido a tiempo. Y llego al siguiente punto a tratar.

 

4.- Los ginecólogos y matronas no son Dioses

negligencias médicas

Los profesionales sanitarios que se dedican a atender partos cometen errores de diagnóstico, cometen negligencias, se equivocan, y, según el Ministerio de Sanidad, muchos no están debidamente actualizados en sus conocimientos.

Hay muchísimos otros que son excelentes profesionales. Yo conozco muchas matronas y ginecólogas/os que lo son, en los que confiaría plenamente. Pero también conozco profesionales muy incompetentes.

Y en los Tribunales de toda España se juzgan cada día cientos de casos de negligencias y errores médicos, se conceden indemnizaciones a los pacientes víctimas de dichos errores e, incluso, se inhabilita a estos profesionales.  Otras veces se les absuelve.

Los ginecólogos se equivocan.

Amber Marlowe, que se escapó por los pelos de una cesárea ordenada judicialmente en Pensilvania en el año 2004 lo sabe bien. Los ginecólogos le dijeron que no podía parir a su bebé de 5 kilos, sólo por pesar 5 kilos y huyó. Tras dar a luz a su bebé por parto natural en otro Hospital, llegó a casa y tenía esperándole la orden judicial para someterse a una cesárea. Lo puso en manos de la Asociación Nacional de Abogados de Mujeres Embarazadas de EEUU.

Adelir, en Sao Paulo, Brasil, corrió peor suerte y los policías entraron en su casa para llevársela a la fuerza y someterle a una cesárea por orden judicial, que se hizo efectiva. El Ministerio de Salud le dio la razón meses más tarde e incluso se fijó el 31 de marzo (fecha de su cesárea forzada) como el “Día del parto Normal en Sao Paulo”, en conmemoración por la injusticia cometida contra ella.

¿Cómo es posible que yo siga leyendo que si lo indicó una ginecóloga es porque era lo correcto y debía practicarse la inducción? ¿Qué nos hace pensar que esa ginecóloga no estaba equivocada?

¿Por qué creéis que tenemos en España el derecho (aunque limitado) a optar por una segunda opinión médica? ¿Por qué crees que los sanitarios tienen un seguro de responsabilidad civil? (también abogados, asesores fiscales…)

¿Qué fuerzas ocultas impiden que en este país el paternalismo médico quede de una vez por todas erradicado y olvidado?

Cuando consigamos sacar la ley de autonomía del paciente de los cielos del BOE y la bajemos a tierra, será cuando empecemos a entender que el médico está para prestarnos un servicio, para proponernos una prueba, darnos un diagnóstico, un consejo o practicar una intervención tras pedirnos permiso y que somos nosotros los que recibimos el servicio, y los que valoramos si damos o no por buena la opinión del profesional.

La mujer de nuestra historia no dio por buena la opinión de la ginecóloga y a cambio, se encontró arrestada en el Hospital por orden judicial. ¿Pudo optar por la segunda opinión médica de un profesional de su elección? ¿Pudo acaso ser revisada por un médico forense, como tiene derecho todo detenido?

Esto solo pudo ocurrir porque el sistema judicial, fundamentalmente en primera instancia sigue anclado en el paternalismo médico y en la noción de que lo que dice una simple persona que se pone (a veces) una bata blanca para trabajar, va a misa.

Suerte que el Tribunal Supremo y el Constitucional lo tienen algo más claro. Porque hay sentencias de primera instancia que parecen sacadas de una novela de terror.

¿Los jueces se equivocan cuando tienen que tratar el consentimiento informado y la autonomía del paciente? Sí, por supuesto, se equivocan.

5.- Los Jueces no son Dioses

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Una de las claves del principio de tutela judicial efectiva consiste en que los ciudadanos tenemos derecho a recurrir las decisiones judiciales que consideramos injusta o no ajustadas a derecho.

Los Tribunales de instancias superiores a los que podemos recurrir, anulan esas sentencias cuando se comprueba que, efectivamente, así ha ocurrido.

Y, además de esta posibilidad, los ciudadanos podemos reclamar a la Administración una indemnización por el mal funcionamiento de la justicia o presentar una queja al Consejo General del Poder Judicial por deficiencias del servicio o, incluso, denunciar a un juez por prevaricación, por ejemplo.

Los Jueces no son Dioses. Los jueces se equivocan.

La Audiencia de Toledo acaba de dar la razón a Susana Guerrero —la madre que se negó a entregar a su hija al padre biológico condenado por maltrato y denunciado por presuntos abusos a la menor— al estimar su recurso y revocar la sentencia del juzgado número 5 de Talavera de la Reina que en mayo de 2015 le quitó la guardia y custodia de la niña a Guerrero y se la atribuyó al padre.

Esa niña es fruto del abuso sexual de Susana por parte de ese señor. 

Dime, en serio, con lo que te acabo de contar: ¿los jueces no se equivocan?

Todos aquellos que tratan de justificar la inducción forzada argumentando que se trata de una decisión judicial y que si se adoptó fue por algo, y que fue tomada por un Sr. Juez, ni siquiera se paran a pensar que la decisión claramente va en contra de la legalidad vigente y de los más elementales derechos humanos, como ya he explicado.

Si la mujer ha emprendido acciones legales, pronto se verá lo que digo. Pero ojo, porque en primera instancia puede que se de la razón al Hospital o al Juez. Lo que dudo es que esta decisión médica y judicial pueda ser defendida en el Tribunal Supremo o el Tribunal Constitucional.

Hay incluso abogados que opinan que la actuación fue ajustada a derecho. Pero asimilar al nasciturus con un menor de edad y aplicar por analogía la normativa que protege los derechos de los menores frente a las decisiones paternas que les pueden poner en peligro, ha sido algo que, entiendo, este señor abogado no ha meditado en profundidad.

De hecho, estoy muy harta de leer opiniones jurídicas forzadas y sacadas de la manga para justificar lo injustificable, para meternos en el saco del “histericismo” del que hablaba Focault y pintarnos como unas locas que ni queremos ni somos capaces de velar por la seguridad y la salud de nuestros hijos.

Desde este, mi blog, digo que ya está bien. Y digo que esa opinión jurídica es una burrada muy atrevida y no sigue, ni de lejos, las tesis del Tribunal Constitucional.

Para hablar de estos temas hay que tener grandes dosis de responsabilidad y estudiar mucho, pero mucho, pero MUCHÍSIMO a las Salas 1ª y 3ª del Tribunal Supremo y al Tribunal Constitucional. Y si no, mejor no escribir ni asesorar.

Es que le faltó un dato clave a ese abogado: cuando se protege los derechos de los menores, las leyes no pisotean los derechos de las madres.

En definitiva, defender que se tomó la decisión correcta simplemente porque fue adoptada por un médico o un Juez denota una inmadurez propia de los protagonistas de “Bienvenido Mr. Marshall”. 

6.- ¿Quién tiene la culpa de este suceso?

inducción forzada

La culpa de este suceso la tiene la ignorancia.

En esta historia hay dos víctimas supervivientes. Una mujer y su bebé que han sido obligados por una ginecóloga y un juez a someterse a una actuación médica que implicaba estar, a la fuerza, vendidos al factor suerte.

Si no aparecían los riesgos de la inducción,se mantendrían al menos sin grandes daños (pero no indemnes). Pero… ¿Y si hubieran aparecido los riesgos?

Una madre que acudió al hospital para tener una asistencia sanitaria adecuada en su embarazo y acabó apresada y cayendo en la trampa de la ignorancia.

La ignorancia que pasa por encima de los derechos humanos fundamentales de la madre a preservar su integridad física y psíquica y a prestar su consentimiento a cualquier actuación médica que se pretenda realizar en su cuerpo.

La ignorancia que considera que es posible desde el punto de vista ético y legal obligar a la madre a pasar por una situación que supone un riesgo constatado para su salud, para preservar el posible bienestar de su bebé por nacer (nasciturus) en base a una mera opinión médica de una única profesional y sin tener en cuenta que esa actuación médica también implicaba riesgos para el feto.

La ignorancia de la que nos habla el Ministerio de Sanidad, que permite a ginecólogos y profesionales sanitarios ningunear los riesgos de las inducciones hasta el punto de convertirlas en una práctica rutinaria. Hasta el punto de poder convencer a un juez para que tome una decisión así. Total, sale en la televisión todos los días… Pilar Rubio nos lo vende como “lo más” … ¿qué podría tener de peligroso?

No podemos consentir que los profesionales sanitarios poco formados, que piensan que son dueños de nuestros cuerpos, sigan atendiendo en los Hospitales públicos de nuestro país. 

No podemos ser víctimas de su ignorancia.

Cuando te encuentres a un profesional sanitario ignorante, sin formación actualizada y/o con intenciones de vulnerar tus derechos humanos, HUYE. Pero muy lejos, para que no puedan apresarte.

HUYE como cuando tienes que huir del que quiere robarte, maltratarte, humillarte, pero antes DENUNCIA, reclama y ayúdanos a todas las mujeres A SALVARNOS DE ELLOS.

HUYE del biopoder. Antes de caer en su trampa llena de buenas intenciones y decisiones “correctas” amparadas por batas blancas y togas negras.

Es que se trata de nuestros derechos humanos y los de nuestros hijos. Y aquí solo hay una decisión correcta que tomar: respetarlos.

 

Para saber más: 

https://www.donallum.org/blog/induccio-forcada-a-sant-boi/

https://www.elpartoesnuestro.es/blog/2016/07/05/por-que-es-ilegal-lo-que-ha-ocurrido-en-el-parc-sanitari-sant-joan-de-deu-de-sant-boi

 

Imágenes:

Extracción de Esculapio del vientre de su madre Coronis, por su padre Apolo. Relieve en mádera de la edición “De Re Medica”, de Alessandro Benedetti.
La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp (1632), Rembrandt. 169,5 x 216,5 cm, óleo sobre lienzo.  Maurithuis, La Haya (Países Bajos)
Dibujo de anatomía de Leonardo da Vinci,  The Royal Collection (c) 2011, Her Majesty Queen Elizabeth IILuca
Giordano: El juicio de Salomón. Museo Nacional del Prado, Madrid.
IL SODOMA El rapto de las sabinas (1525) Galería Nacional de Arte Antiguo, Roma.
Valerio Castello. Rapto de las Sabinas. h. 1650. Óleo sobre lienzo, 149 x 198 cm. Donación de Enrique Mellan a la Academia de San Carlos en 1816. Nº inv. 4161

 

Lorena Moncholí.

Abogada colegiada ICAV nº 14084

Agente de Salud de Base Comunitaria de la Comunidad Valenciana. 

 

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Showing 4 comments
  • Silvia
    Responder

    En la semana 37 de embarazo en la que me encuentro, me inquieta en demasía que esto pase en nuestro país…Se mete el miedo en tu cuerpo y ala, a cruzar los dedos para que la palabra inducción no te toque escucharla. Que país, santo cielo !! Un saludito !!

    • Lorena Moncholí
      Responder

      Y si te toca escucharla, ya sabes qué puedes hacer para hacer frente a esa situación! Un saludo Silvia!

  • Antonio
    Responder

    Hola soy matrón y muy interesado en temas legales, por ello llegué a este blog. Muchas gracias por compartir tu conocimiento sobre el tema. Sin duda lo mejor que he leído sobre el tema.
    Me ha quedado claro que la actuación estuvo mal porque realmente no había urgencia vital para el bebé (en ese caso deberían haber hecho una cesárea de urgencia).
    Me pongo en la situación de la ginecóloga. Desconozco más detalles del porqué de la inducción, pero pongamos que estuviera justificada. La mujer deniega el tratamiento, y a los tres días el bebé muere intrautero. ¿Le hubiera pasado algo a la mujer penalmente?
    En mi opinión personal, la ginecóloga actúo bien. Tuvo una duda razonable y por eso acudió a un juez. Aquí el juez, quien es el que conoce los aspectos legales, y para mí actúo mal indicando el arresto y la inducción. Podría haber hecho más como dices como por ejemplo una segunda opinión médica.
    En mi práctica profesional tuve un caso parecido. Registro cardiotocografico claramente patológico y mujer que se negaba a una cesárea. Se llamó al juez y este indicó la Cesárea. Aquí primó la vida del nasciturus, aunque hay gente que también dicen que actuamos mal por no respetar la voluntad de la mujer.
    Sin duda un tema complicado

    • Lorena Moncholí
      Responder

      Hola Antonio! Muchas gracias por tu aportación. Sin duda, la discriminación por razón de sexo en el sistema sanitario y en el judicial se hace patente en este tipo de supuestos. Un Profesional sanitario y un Juez deberían tener claro que no es posible violar el derecho a la integridad física de una mujer para beneficiar a otra persona y, menos , para “beneficiar” a quien , por ley, aún ni lo es. Y lo pongo entre comillas, porque , primero los criterios médicos pueden ser erróneos ( no sois Dioses) y segundo, porque es la madre la primera interesada en beneficiar a su bebé. El nasciturus no es persona, desde el punto de vista jurídico, sino feto que forma parte del cuerpo de la madre, no persona con vida independiente. Es el cuerpo de la madre. Se le reconoce el derecho a la vida, pero NUNCA a costa de violar los derechos fundamentales de la madre.

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