Divorcios y separaciones: Más vale un mal arreglo, que un buen pleito.

Nuestro refranero vale su peso en oro. Encuentras siempre lo que necesitas para que tu mensaje llegue directo a quien quiera escucharlo.

Cervantes ya nos lo advertía en uno de sus “Entremeses”, llamado “El juez de los divorcios”:

“Entre casados de honor, cuando hay pleito descubierto, más vale el peor concierto, que no el divorcio mejor.”

En estos meses que he pasado llenos de “divorcios exprés” o de convenios de separaciones o custodias firmados literalmente en días, no he parado de repetir a mis clientes el famoso refrán: “Más vale un mal arreglo, que un buen pleito”.

Y puedo asegurarte que, cuando se trata de romper una vida en común y seguir caminos separados, esto es completamente cierto.

Siempre es la mejor opción llegar a un acuerdo, aunque ninguna de las dos partes esté plenamente satisfecha, antes que tener que vivir un divorcio, una separación o la lucha por la custodia de los hijos en un Juzgado.

Por supuesto no estoy hablando de casos de violencia de género, abandonos de familia, abusos o sucesos similares, que no llevo personalmente y en los que solicitar el auxilio judicial, aunque no siempre ayuda (que se lo pregunten a Susana Guerrero), parece ser la única salida.

Tampoco a aquellos casos en los que se ha intentado todo y, al final, no ha habido más remedio que ir a un contencioso.

Me estoy refiriendo siempre a una situación tan cotidiana y normal como es la de “dejarse de querer” y tener que desmontar de forma ordenada todo lo que un día se construyó en pareja.

Divorcios y separaciones

Las personas “normales” (es decir, las que no agreden, no abusan, no abandonan sus obligaciones familiares o de alimentos y no acosan), nunca deberían pisar el Juzgado para decirse adiós y menos sus hijos.

Y ello con independencia de la causa de la ruptura, aunque se trate de la peor de las historias de infidelidad que alguien hubiera podido imaginar vivir.

Las denuncias por despecho, el “ahora me lo quedo todo”, las custodias y los hijos utilizados como moneda de cambio, y el “te vas a enterar” sólo traen odio, problemas de salud para todos y un derroche de dinero en abogados, peritos y un largo etcétera, que con sólo que lo pensaras con detenimiento un momento, desecharías inmediatamente.

El Juzgado no es el lugar donde rendir cuentas o donde urdir venganzas sentimentales. El Juzgado quema a los que pasean por sus pasillos, se sientan en sus banquillos, en sus salas de espera, o delante de un psicólogo sin escrúpulos o de un Juez.

En el Juzgado tus sentimientos no importan. Nadie vela por tu bienestar mientras estás viviendo uno de los momentos cruciales de tu vida: la ruptura con quien pensabas que era tu pareja para siempre. De manera que las preguntas, si tienen que llegar, llegarán secas, tajantes, frías y puede que nadie te mire a los ojos. ¿Es eso lo que te mereces para iniciar tu nueva vida?

Es un momento en el que te sientes tan vulnerable, que lo que menos necesitas es que terceras personas te lo pongan más difícil aún.

Una separación, sin duda, debe realizarse en otro lugar, en un despacho donde dos personas que ya no tienen nada en común, firman su último acuerdo juntos. En paz, o al menos, de forma educada y respetuosa.

Divorcios y separaciones

Y, a ser posible, ante un único profesional cuyo objetivo sea siempre que el pacto llegue y que la pareja lleve su ruptura de la mejor forma, como mínimo, de la forma que menos duela. Pero, sobre todo, cuyo objetivo vital sea que los hijos, si los hay, no sufran la decisión que han tomado sus padres y no tengan que responder a la terrible pregunta de “¿Con quién quieres vivir?”.

Un único abogado que lleva la separación o el divorcio no toma partido por uno u otro, sino que trata de defender los intereses de ambas partes. No se posiciona.

Yo nunca pregunto a mis clientes la causa de su separación. Eso me permite no inclinarme por nadie, no dar la razón por empatizar con el que más sufra, tomar distancia. Tanto uno como otro tienen derecho a hacer borrón y cuenta nueva. Y cuanto más satisfechos, mejor para todos.

Cuando nuestro refranero habla de “mal arreglo”, no me estoy refiriendo a que el acuerdo que firmes sea malo. Ni mucho menos. Me refiero a que firmes un convenio, aunque no te lo lleves todo, aunque no lo ganes todo, aunque tu ex se quede con algo que tú querías.

Eso, sin duda, será mejor que pisar el Juzgado y conseguir una sentencia maravillosa (tras recursos interminables) que -seguro- se habrá llevado también mucho por delante.

Y nuestro “mal arreglo”, para que sea bueno, para que sea el mejor, debe cumplir un objetivo claro: que todo quede zanjado…que el punto y final sea…definitivo.

Si has llegado al extremo de “no puedo más”, no lo dudes, tu mejor decisión, para ti, para tu familia, para la salud de todos, será pactar cómo va a ser el fin…para dar inicio a tu nueva vida.

 

Lorena Moncholí Badillo

Abogada colegiada nº14084 ICAV

Agente de Salud de Base Comunitaria certificada por Salud Pública de la Conselleria de Sanitat de la Comunidad Valenciana y el EVES.

 

Imágenes:

Le divorce – Lesueur (1760 – 1802).

Imagen gratuita de pixabay.com

Le contrat de mariage (William Hogarth, 1743, National Gallery, Londres)

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