¿Qué es el intrusismo profesional?

In parto

Lo del intrusismo profesional parece que está de moda.

Hace unos días leía en una noticia de una revista médica que un falso podólogo había sido condenado a 8 meses de prisión y 3.000 euros de multa por ejercer la profesión sin estar titulado en Podología.

Leí también que el Colegio Profesional de Podólogos de Andalucía mantiene actualmente abiertos quince procesos por intrusismo profesional en toda la comunidad.

Luego quise saber —a través de búsquedas de otras noticias y sentencias—  qué ocurre en realidad con el intrusismo profesional en la podología y me enteré de que muchas esteticistas tienen problemas con Sanidad para abrir sus centros y que tienen prohibido incluso tocar las durezas de los pies de las clientas, ya que dicho tratamiento sólo puede ser llevado a cabo por podólogos.

intrusismo

Me asombré (modo ironía ON) porque, tras esta noticia del podólogo, no vi grandes titulares en El Mundo, El País, o en Telecinco o programas de investigación en la Sexta anunciando a bombo y platillo que todas las esteticistas son un peligro para la población y que todo su colectivo comete intrusismo profesional. Tampoco leí en ningún sitio que los Colegios Profesionales de Podólogos iban a ir a por todas las esteticistas de España para quemarlas en una hoguera.

brujas hoguera

No he visto esos titulares en medios de comunicación (aunque los he buscado), simplemente porque es impensable que algo así pueda ocurrir.

Los esteticistas, como colectivo profesional, no son un peligro para nadie, independientemente de que en algún centro de estética, algún profesional haya podido cometer intrusismo profesional.

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Ese falso podólogo de la noticia es una única persona que, tras la pertinente investigación y denuncia particular por parte de un Colegio Profesional, es juzgado tras quedar demostrado que ejercía una profesión sin estar titulado para ello. Y por ello se le condena a él en concreto, no a un colectivo.

Un Colegio Profesional de Podólogos no podría acusar jamás a todas las esteticistas del pie del país por intrusismo profesional. Me imagino las risas en el Juzgado.

Eso sí. Los Colegios son duros, ¿eh? No te creas. Por ejemplo El Colegio Oficial de Podólogos de Galicia abrió, entre los años 2012 a 2013, 45 expedientes, la mayoría por intrusismo profesional, entre los que se encontraron algunos salones de belleza que ofrecían tratamientos para los pies. A mí me parece muy bien que lo hagan.

Un Colegio Profesional de Podólogos tampoco puede pedir al Ministerio de Sanidad, por ejemplo, que cierre todos los centros de estética en los que se hacen pedicuras, se liman y pintan las uñas de las clientas y les dan ese masajito tan relajante del final (que a mí, cuando he ido, la verdad es que me sabe a gloria) solo porque están “tocando” pies de personas. Y eso que seguro que los podólogos deben saber hacer unos masajes relajantes de pies increíbles pero, como no se trata de masajes terapéuticos, pues no pierden su tiempo en perseguir a un esteticista por ello.

¿Os lo imagináis? En grandes titulares*:

El Consejo General de Podólogos de España pide al Ministerio de Sanidad que impida a todas las esteticistas del país tocar los pies de sus clientas porque son unas brujas, caníbales, integrantes de peligrosas sectas satánicas que manipulan la voluntad de las mujeres sobándoles sus delicados pies de princesas desvalidas…

*(Sigo en modo ironía, por favor que las esteticistas no se enfaden).

¿A que suena a broma?

Pues el otro día leía con asombro que un colectivo de matronas, respaldadas por el Consejo General de Enfermería había presentado al Ministerio de Sanidad un montonazo de firmas contra la actividad que realizan las doulas por considerarla “ilegal” y porque “ni tienen ni formación reglada ni reconocimiento alguno en la legislación vigente”. Dos requisitos imprescindibles —según ellas—  para que se reconozca cualquier profesión.

Digo que “según ellas”, porque cualquier escritor, cocinero,  actriz o actor está ahora muerto de la risa si me lee, ya que, según todo un Consejo General de Enfermería, sus profesiones tampoco existen y no pueden ser reconocidas (al no ser formaciones regladas ni  tener reconocimiento alguno en la legislación vigente).

Claro, me sonó a broma. Todo. Para mí es de país de pandereta.

Oigan, que han hecho una carrera. Por lo menos, un poco de culturilla general.

Lo que peor llevo es la enorme falta de respeto con la que se expresan. A mí la falta de educación es algo que me puede. Y da muy mala imagen.

Jamás me pondría en manos de profesionales sanitarios que se expresan de forma tan agresiva y mal educada en los medios.

Son muchos los Colegios de profesionales sanitarios (podólogos, fisioterapeutas, médicos) que presentan una gran cantidad de denuncias al año por intrusismo profesional contra personas concretas (repito, no contra colectivos) y, sin embargo, por más que he buscado, ningún representante de dichos Colegios se expresa de forma tan irrespetuosa ni se dirige a las personas a las que denuncia (a las que denuncian de verdad, digo, en los Juzgados, que es donde toca, no en la prensa “amarilla”) con tanta violencia y desprecio.

Simplemente investigan a una persona en concreto, denuncian, se juzga a esa persona y se le condena si resulta probado el intrusismo. Punto y final.

Es algo que me llama poderosamente la atención.

A casi un año del fatídico “Desinforme” que tenía como única bibliografía la definición de doula de la Wikipedia, referencias a seis páginas de internet y tres normas jurídicas mal interpretadas (una tiene el vicio de leérselo todo y llegar hasta el final, lo que ningún periodista de este país sabe hacer, por cierto) y con todo el revuelo que se montó, ya debería estar viendo en los periódicos cientos de casos de denuncias reales en los juzgados por intrusismo profesional de doulas por parte del Consejo General de Enfermería (o sus Colegios integrantes) y… nada… ni un solo caso.

Y aunque hubiera 3, 4 o 15… pues sería lo mismo que lo que ocurre con los podólogos en Andalucía, vamos, nada del otro mundo que deba crear alarma social.

¿Por qué no hay denuncias?

Yo creo que la respuesta la encontramos en la definición que el Código Penal nos da del intrusismo profesional  y en la interpretación que nos proporcionan los Tribunales sobre este delito.

Porque quiero aclarar que el intrusismo profesional es un delito.

El Artículo 403 del Código Penal regula y pena el delito de intrusismo profesional así:

  1. El que ejerciere actos propios de una profesión sin poseer el correspondiente título académico expedido o reconocido en España de acuerdo con la legislación vigente, incurrirá en la pena de multa de doce a veinticuatro meses. Si la actividad profesional desarrollada exigiere un título oficial que acredite la capacitación necesaria y habilite legalmente para su ejercicio, y no se estuviere en posesión de dicho título, se impondrá la pena de multa de seis a doce meses.

  2. Se impondrá una pena de prisión de seis meses a dos años si concurriese alguna de las siguientes circunstancias:
    a) Si el culpable, además, se atribuyese públicamente la cualidad de profesional amparada por el título referido.
    b) Si el culpable ejerciere los actos a los que se refiere el apartado anterior en un local o establecimiento abierto al público en el que se anunciare la prestación de servicios propios de aquella profesión.

Sí, qué rollo. Prometí que hablaría de derecho sin meter muchos artículos, pero creo que la ocasión lo merece.

Más que nada porque actualmente hay muchas mujeres (no solo doulas) que están siendo acusadas alegremente de intrusismo,  y creo que las personas que sueltan a viva voz públicamente (o lo escriben en las redes) este tipo de acusaciones deberían saber que acusar a alguien en público de cometer un delito, es también delito (se llama calumnia).

Ya os comentaba en mi anterior post que, en la última historia que me contaron, una matrona insultó y prácticamente calumnió a una madre voluntaria que formaba parte de un  Comité de Lactancia de un Hospital (como es su derecho), simplemente por estar allí. Lo hizo en vivo y en directo ante testigos, llamándola sin ningún tipo de pudor (ni conocimiento de la legalidad vigente) intrusa.

Denunciar a alguien en los juzgados por cometer delito de intrusismo (que, insisto, es donde toca hacerlo) es muy fuerte. Además se necesitan pruebas serias y dinero, ya que nos estamos dirigiendo a un juez o jueza, no a la audiencia del programa Periodismo de Investigación de la Sexta.

Por eso no encuentro denuncias reales en los Juzgados contra doulas u otras mujeres que acompañan a madres, futuras madres o parturientas. Porque es más fácil y barato hacer esas denuncias donde no toca, es decir, en el Ministerio de Sanidad, en la prensa amarilla o en los pasillos de un hospital.

juzgados

Bueno, lo de barato depende. Porque si una persona me acusara a mí de cometer un delito “con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad”, la querella por calumnia estaría notificada en su buzón en “cero coma”. Y ahí ya hay que contratar abogados y procuradores y pasárselo bien y reírse mucho en el acto de conciliación previo.

Yo jamás permitiría que nadie me acusara en los pasillos de un hospital o en Facebook de asesina, estafadora, ladrona, defraudadora o… intrusa.

Pero si son todo delitos ¿cómo lo iba a permitir?  Para eso está el Código Penal: para protegerme de las injurias y las calumnias.

Por el momento lo dejo aquí.

Nos vemos por las redes. Un abrazo.

Lorena Moncholí. Abogada colegiada nº 14084 ICAV.

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