La osadía de hablar desde tu ombligo

Es osado. Muy osado. Hablar o escribir sobre cómo funcionan las cosas partiendo de cómo los haces tú o de como trabajas o vives.

Hace días tuve un “debate” online con una ginecóloga que me “daba fe” que en su Hospital se atendía de maravilla a las mujeres que iban allí a dar a luz. Que ella conocía la ley y los derechos de los pacientes y usuarios y que mis comentarios sobre lo mal que estaba el sistema eran “carnaza”.

Me lo escribía refiriéndose a un Hospital que conozco bien. Porque allí han ocurrido decenas de casos de violencia obstétrica que me han contado en persona y porque en varias ocasiones he tenido que intervenir para ayudar a alguna mujer embarazada que simplemente quería hacer valer su derecho a prestar su consentimiento informado.

Justo dos días antes del “debate online” fui testigo de otra historia de un parto triste en dicho Hospital…pero esa ginecóloga me daba fe que allí no, que en el suyo no ocurría….

Es, lo que yo llamo, “la osadía de hablar desde tu ombligo”.

Sucede en muchos ámbitos profesionales, no solo el sector sanitario: pensar que como yo no lo hago, los demás tampoco, o pensar que como yo lo hago bien, todos actúan de la misma forma.

Es absolutamente ridículo afirmar que todos los abogados somos íntegros, que ningún Juez prevarica o que ningún ginecólogo o matrona ejerce violencia obstétrica sólo porque yo soy íntegra, mi amiga Juez no prevarica o el compañero/a de paritorios respeta a las mujeres que están dando a luz. Y sin embargo me encuentro con esas afirmaciones prácticamente a diario.

Otra faceta del ombliguismo que me cuesta mucho digerir es aquella en la que el bienestar de quien está prestando un servicio se antepone a los derechos de quien debe recibir dicho servicio.

Te pongo un ejemplo para que me entiendas.

Me contaban la semana pasada un suceso ocurrido, precisamente (y de nuevo) en este Hospital al que me he referido al principio del post. Un bebé de días ingresaba en neonatos por un virus estomacal serio. Como tomaba lactancia materna a demanda, la madre (muy informada sobre sus derechos) exigió estar constantemente a su lado para que su hija pudiera mamar cuando lo necesitara y calmarla. Pero la sala, por lo visto, no estaba acondicionada para hacer efectivo ese derecho de madre e hija, en casos de infecciones virales, ya que, presumiblemente y en opinión de la pediatra que les atendía, el resto de bebés ingresados corrían peligro de contagio.

En realidad, se trataba de un caso en el que los profesionales no estaban siendo capaces de gestionar y hacer compatible un derecho básico de los niños hospitalizados y sus progenitores, con los medios disponibles en su lugar de trabajo o con sus opiniones médicas.

¿Se habían planteado, si quiera, exigir que dicho lugar se adaptara a esos derechos? ¿Actuaron y le dieron una solución a la madre y su bebé?. No.

Ante las quejas de la madre, la pediatra le indicó que entendía lo que estaba demandando, que tenía derecho y lo sabía, pero que, por favor, “se pusiera en su lugar como profesional”.

¿En su lugar? ¿En qué lugar? ¿Cómo es posible que una persona le pida a una madre que se separe de su bebé de días enfermo sólo porque tiene que ponerse en su lugar? ¿Qué lleva a esa profesional a pensar que esa madre debe ponerse en su lugar y anteponer cualquier otro interés al de su bebé recién nacido?

Esa pediatra sabía o debía saber que la lactancia materna era la mayor protección y el mayor beneficio para un bebé con un virus así y que la presencia constante de la madre era lo que le mantendría tranquila y, sin embargo, madre y bebé debían ponerse en su lugar.

Es de locos. Es, realmente, osado.

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Sigo preguntándome qué impide a un profesional tener la capacidad de autocrítica necesaria para decirle a esta madre “Tienes razón, es tu derecho y lo mejor para tu bebé, vamos a buscar una solución, porque aquí no lo estamos haciendo bien.”

Por supuesto los casos más llamativos de ombliguismo son aquellos en los que los profesionales se niegan a cambiar sus protocolos obsoletos porque ello les resta comodidad a la hora de hacer su trabajo, aunque las guías más actualizadas de la OMS, Ministerio de Sanidad o Sociedades Científicas de primer orden lo recomienden de forma insistente.

Una simple petición de una madre de estar al lado de su hijo en las pruebas médicas que se le realizan o en vacunarle mientras toma pecho, se convierten en auténticos actos de sedición a los ojos de quien jamás ha hecho su trabajo en presencia de quien debe estar ahí. Es incómodo, hay que dar explicaciones, ralentiza el proceso mecánico…y, desde su ombligo, se considera inaceptable.

Cuando lo inaceptable es trabajar así.

En una ocasión, como te comenté en este post,  una ginecóloga llegó a decirme, a la cara y sin remilgos, que si bien entendía que había que respetar a la mujer a la hora de dar a luz, los profesionales sanitarios tenían un derecho a intervenir cuando lo consideraran procedente.

Pensar que tienes derecho a intervenir en un cuerpo ajeno sin el consentimiento de su dueña es la expresión máxima de la actitud egocéntrica y autocomplaciente de quien nunca ha mirado hacia otro lado.

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Y a todas estos profesionales, en mi opinión hay que responderles:

 

“Eh, no se trata de ti, esto no tiene nada que ver contigo, se trata de mí. No eres tú, soy yo…

…Esta vez es mi ombligo. “

 

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Lorena Moncholí Badillo

Abogada colegiada nº14084 ICAV.

Agente de Salud de Base Comunitaria certificada por Salud Pública de la Conselleria de Sanitat de la Comunidad Valenciana y la EVES.

Máster en Bioética, Deontología, Seguridad y Calidad en el ámbito Sanitario por ADEIT, Fundación Universidad-Empresa de la Universitat de València.

Máster en Igualdad de Género por la UCLM.

 


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Imágenes:

“Eco y Narciso”, autor JohnWilliamWaterhouse, 1903

“Satyres en Atlante”, autor desconocido, Roma, época imperiale, Paris, Museo el Louvre.

“Narciso”, autor Caravaggio, 1597-1599,  Galería Nacional de Arte Antiguo, Roma.

“El nacimiento de Venus”, autor William A. Bouguereau.

 

 

 

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