LAS FEMINISTAS QUE YA NO QUIEREN LEER MÁS.

Y no me extraña. Han leído mucho y me consta.

Pero otras mujeres feministas, también hemos leído.

Voy a explicarte exactamente por qué escribo este artículo, lo primero.

 

Estábamos tan ocupadas algunas mujeres feministas que amamantamos o hemos amamantado, aportando nuestro granito de arena en la lucha diaria contra el patriarcado , cuando de repente, así por las buenas, aparece una mujer de esas famosas que escriben en “Tribunas” y de forma caprichosa, gratuita y sin venir a cuento, decide que se le ha quedado un buen día para atacar la lactancia materna. ¡Ojo! No la de los bebés (esa parece que no le asco), sino la de los niños y niñas que ya comen bocatas.

Sus diferentes post de Facebook sobre el tema , tiene a bien acompañarlos con imágenes de Vírgenes dando leche materna a viejos -bastante babosos, por cierto – ( para incrementar la sensación de asco o el efecto denigratorio, supongo) o de una mujer con cara de amargada mientras amamanta ( para incrementar la sensación de esclavitud, supongo) .

Porque todo el mundo sabe ya, que aderezar los post con imágenes, te permite expresar “ese plus” que no puedes o no te atreves a expresar por escrito o decir a la cara. Es el típico truco de poder decir luego que “eso no lo he dicho yo“, pero te planto la imagen que te lo dice.

 

feministas que no quieren leer

 

Esta mujer (leída por bastantes personas) nos comenta literalmente, que , en su opinión, dar la teta a una criatura, cuando (según su leal saber y entender) ya no lo necesita , – sino que es un “capricho aleatorio”- es negativo en general y para la criatura en particular, porque ser madre y padre también es “educar”.

Acto seguido, la mujer empieza a recibir numerosas críticas por su comentario, de lectoras (algunas asiduas) que evidentemente se habían sentido atacadas por su opinión  y por sus imágenes que , insisto, expresaban ( las imágenes) ese puntito denigrante que normalmente no te atreves a mostrar abiertamente al escribir, por eso de guardar las formas.

E inexplicablemente no comprende por qué le “llueven” las críticas, se siente muy inocente y casi Mártir (como los viejos babosos que utiliza para expresarnos el asco que le damos).

Y , sobre todo, se siente atacada, ella y las lectoras que opinaban como ella, tanto que decide que la mejor manera de poner fin a “tanto desmelene” era aplicando las mejores técnicas machistas por todas las mujeres conocidas ( y sufridas), tales como:

-La fiscalización del tono (acusando de “explayarnos sin recato”, vamos, de Manual del Perfecto Machista, volumen I) ,

-El insulto gratuito (¿alguien entiende que acusar a una mujer de talibana de la teta o “illuminati de la ultracrianza” es igual que acusar a una mujer de feminazi, o solo lo veo yo?).

-Negar y decir que los datos que dábamos muchas de nosotras “eran falsos” (así porque sí, como el típico machirulo que dice que muchas de las denuncias de mujeres maltratadas son “falsas”).

-Acudir a la crítica barata de acusarnos de seguir a gurusos de la lactancia – hombres- que nos quieren tener sumisas y con la pata quebrada.

Porque a ellas, tan feministas, no se les puede ocurrir pensar que muchas mujeres que amamantamos, lo que decimos es que de tetas y lactancia sería más conveniente que hablaran las mujeres. No. Eso no se les ocurre y nos prefieren ver a todas como una masa adoradora de penes que no lactan, pero que nos adoctrinan a lactar.

Además, a ellas, tan feministas, no se les ocurre que hay miles de mujeres que hablan y escriben desde todos los ámbitos posibles sobre la lactancia materna. Claro. Es que no las han leído. No se les ocurre pensar que en el tema de la lactancia materna, pasa como en los Nobel. Que el dinero, la fama, el reconocimiento y los premios se los lleva el de siempre. Vaya, es que esto es caer en el machismo más aterrador.

-Y, en definitiva, acusarnos de vivir o querer vivir encerradas (literal, en nuestras casas y esclavizadas) en la “Mística de la Feminidad” y la “Mística de la Maternidad”.

Y entonces lo he visto extremadamente claro. Es esto. Es lo de la “Mística de la Feminidad” (porque repiten constantemente el término en sus intervenciones).

Es mantenerse anclada en aquel concepto básico del feminismo, que nos dio Betty Friedan, necesario y vital en una época concreta, pero que luego necesitó evolucionar.

Muchas de estas mujeres (sea cual sea su edad)  presumo que ya no han querido leer nada más después de Betty  Friedan, o Shulamith Firestone o las autoras que a día de hoy perpetúan sus teorías. Todas ellas unas “Gigantas” como diría Ana de Miguel, pero que fueron superadas por las feministas posteriores.

Betty Friedan, con su premio Pulitzer, la “Mística de la Feminidad”, fue uno de los exponentes del feminismo liberal, pero ella lo que quería era ser igual a los hombres y entrar en su mundo blanco y capitalista, jugar sus reglas del juego, sin cambiarlas. Únicamente centró su “feminismo” (al menos en público) en las mujeres blancas, heterosexuales, de clase media o alta, con buena educación y  que habían sido encerradas en un rol tradicional de esposa y madre que les resultaba penoso e insatisfactorio (ese “problema que no tenía nombre” que ella escribió con tanto acierto).

Y muchas mujeres feministas posteriores le dijeron que eso no era del todo buena idea. Es que se había olvidado de las millones de mujeres no estadounidenses, pobres, trabajadoras (en condiciones deplorables) o de otras razas u orientaciones sexuales, que sufrían un sinfín de discriminaciones e injusticias más.

Firestone, en su libro ‘Dialéctica del Sexo’ se basó en que los orígenes de la subordinación de las mujeres yacían en las funciones reproductivas, llegando a afirmar que a menos que las mujeres renunciaran a su rol reproductivo y ya no tuvieran hijos y no cambiara radicalmente la base de la familia existente, la mujer no se liberaría de forma completa y definitiva.

Y muchas mujeres feministas posteriores le dijeron, a ella y sus hordas de seguidoras, que, bueno, que liberarnos pero extinguirnos como especie humana no era tampoco una buena idea, que un buen número de mujeres no querían parir a sus hijos y olvidarse de ellos,  que tampoco querían delegar sus cuidados en terceras personas y que convertir el hecho natural de la reproducción ( y yo añado: y del amamantamiento) en la razón de la subordinación de las mujeres, era rechazar las razones socio-económicas de la opresión.

Pero hoy en día observo que numerosas mujeres que se hacen llamar feministas (nuevas y las que corrieron delante de los grises – que por cierto, gracias ante todo) ocultan a todas estas autoras posteriores de la historia del feminismo, que criticaron a las “Gigantas”, del mismo modo que el patriarcado invisibiliza a las grandes mujeres de la ciencia y el arte.

Y es que muchas mujeres no queremos tener pene. Queremos tener vagina, vulva, útero y senos y….además, oh! Sacrilegio!, queremos usarlos ( los senos también)  primero porque nos da la gana y segundo, EN NUESTRO BENEFICIO PROPIO (no me vengas con la demagogia de la prostitución o los vientres de alquiler, por favor).

Y además de usarlos, queremos tenerlos sanos. Por ejemplo, entre otras razones, sin cánceres de mama provocados – o no evitados-  en porcentaje de riesgo preocupante ( y demasiado estudiado) por no dar lactancia materna y arrasar con el mecanismo hormonal esperado por el cuerpo de una mujer, que se desencadena durante el embarazo y cuando se desprende la placenta.

¿Se ha leído lo de “entre otras razones” y “porcentaje de riesgo”? Quiero asegurarme de que se haya entendido.

Y además, si los usamos, los senos, beneficiamos a nuestros hijos e hijas. Qué buena noticia, ¿no?

Y muchas mujeres feministas que hemos decidido tener descendencia cuando hemos querido y la que hemos querido, resulta que queremos criar a nuestros hijos e hijas sin seguir los dictados de esos “gurusos” psicólogos conductistas (en su mayoría hombres), misóginos, androcéntricos y adultocéntricos, que supieron ver con claridad que si no se apartaba a la cría de la madre, se quedaban sin su ración de sexo y perdían su cuota de poder sobre la pareja.

Gurusos cuyas teorías , por cierto, son las que indican que la lactancia materna que se prolonga “mucho”, malcría a las criaturas. Vaya…¿quién sigue a los “gurusos”?.

Y hemos descubierto que hay una nueva forma de criar y ser madre, que Betty Friedan jamás se imaginó (ni las que le siguen hoy en día, como si no se hubiera escrito nada más desde entonces)  ¡Y con lactancia materna de por medio! ¡Y durante mucho tiempo, si nos da la gana!.

Si tú, “Feminista de los libros de los 70 y ya” me insultas (con imágenes, que de palabra eres muy correcta) indicando que si amamanto a mis hijos que ya comen, he vuelto a la época medieval y a  la  “mística  de la maternidad” o que quiero ser como la mujer de los anuncios de los años 50, tratada como cosa o esclava de ellos, lo que me demuestras es que careces de los mínimos conocimientos actuales para hablar o escribir con autoridad.

Porque para opinar de lactancia materna hay que saber.

Yo no estoy a favor de las personas que indican que para opinar de maternidad, una debe ser madre. Lo que opino es que hay que saber lo que es ser madre, algo, poco, lo mínimo, pero hay que saber. No lo que se “siente “ siendo madre. Que estás muy equivocada. Lo que “es” ser madre.

Y se puede saber lo que es ser madre preguntando o leyendo. Prejuzgando u opinando sin fundamentos, no.

Para opinar sobre lactancia materna no interrumpida (es decir , la lactancia que se da a niños y niñas que ya comen cocidos) y afirmar que es algo negativo que afecta a su educación, como mínimo, has tenido que hablar y preguntar a un número muy significativo de mujeres que amamantan y a criaturas que ya hablan y toman teta, para que te cuenten qué tal va la cosa o para que tú puedas reafirmarte en tu opinión de que son madres esclavizadas y sin poder sobre sus cuerpos y esas criaturas, delincuentes asilvestrados que usan las tetas de sus progenitoras a su voluntad y las someten a su tiranía.

Pero ojo, no hables si eso sólo le ha pasado a tu prima y a tu vecina. Que volvemos a las técnicas del machismo. Que la prima de Pepa denunció falsamente a Pepe por pegarla y eso lo estamos arrastrando toda España ya muchos años.

Las fórmulas de tamaño muestral, para poder estudiar y opinar sobre determinados sectores de población, se deben manejar. Porque si no, tu “opinión” es ciega. Y peligrosa.

Porque si se lanzan opiniones así como así, se contribuye a perpetuar la ignorancia, los mitos, la estigmatización y  la discriminación, y ya sabemos lo tóxico que es todo esto para las mujeres y la infancia, ¿no?

¿O no lo sabemos y yo me asusto mucho de que haya feministas que no lo sepan ? .

Yo creo que si algo nos ha enseñado el feminismo, es que debemos hablar con conocimiento de causa.

Lo que no puede ser es que se nos inste a cuestionarlo y “deconstruirlo” todo, sin que las instigadoras de esto sean capaces ellas de “deconstruir” lo que supone para la inmensa mayoría de la población femenina mundial (de países desarrollados y en vías de desarrollo) tener que pagar a Nestlé ( y a toda la industria relacionada con la lactancia artificial) por lo que pueden obtener gratis de su cuerpo. Lo que supone para su economía, para su salud y para la salud de sus criaturas, incluso las que piden jamón.

Los riesgos de la lactancia artificial (incluso para niños y niñas mayores) están tan sobradamente demostrados hoy en día a nivel mundial con tanta contundencia, como que la tierra gira alrededor del sol.

Pues da igual. Por mucho que queramos demostrarlo, como quiso Galileo con la teoría heliocéntrica del Sistema Solar, ahí están ellas, diciendo que todo es mentira, que Nestlé (ese, su gran liberador) es el único que dice la verdad y con sus escritos torticeros, nos quieren seguir postrando de rodillas y con la cabeza inclinada, como los  jueces del Santo Oficio al Señor Galilei, para doblegarnos y  abjurar de la lactancia materna no interrumpida y para olvidar los riesgos de la lactancia artificial, que tantas veces intentamos explicar.

 

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Pero ahí estamos, como moscas cojoneras ( y es que nos ha descrito casi así),  no sólo musitando por lo vagini: “¡Y sin embargo, se mueve!” sino diciendo, bien alto, que se paga un precio enorme por esa “libertad” (y esto es literal: 3.000, 4.000, 5.000 euros o más por algo que podrías haber obtenido gratis y era mejor),  que tus polvos mágicos se cargan cada año a 800.000 niños y niñas (y también de los que comen y de países desarrollados) y unas 20.000 mujeres. Y que tu lactancia artificial venerada, que te vendieron (literal también, de hacerte marketing) como paradigma de la libertad de las mujeres, supone que las compañías de leche de fórmula y relacionadas con ellas, ingresan cada año millones de euros, que son los que nos cuestan a las consumidoras y al sistema sanitario.

Y esto que decimos, sí remueve, sí cuestiona, sí deconstruye, sí puede hacer caer cimientos del patriarcado y de teorías que deben evolucionar (porque directamente es que se cargan nuestra salud y la de nuestras criaturas, además).

Y como lo hacemos y esto es lo que hace el feminismo bien entendido, tú “Feminista de los libros de los 70 y ya”, de 20 o de 60 años, utilizas las técnicas del machismo para devolvernos al redil.

Para intentar avergonzarnos con tus imágenes cuidadosamente seleccionadas y para intentar someternos a la ignominia con tus insultos a lo “illuminati” o “talibanas”.

Caes en lo mismo que criticas y, por supuesto, pierdes toda la credibilidad, desde ese mismo instante.

Has manejado tanto el feminismo, que se te ha convertido en machismo.

Si no conoces los riesgos de la lactancia artificial, no me enarboles la bandera del feminismo para insultar a las mujeres que hemos decidido conocerlos y no aceptarlos.

Nadie, en su sano juicio, que conozca la historia de la comercialización de sucedáneos de leche materna, y las aberraciones cometidas por las compañías de leche de fórmula, puede seguir afirmando que la lactancia artificial libera a las mujeres.

Nadie que haya experimentado la libertad de amamantar porque le ha dado la gana (y muchos años, si ha querido), puede entender que le digan que alguien la ha esclavizado.

Ojalá Bárbara Garson, la periodista que escribió en 1977  “The Baby Bottle Scandal” (El Escándalo de los Biberones) para la revista feminista “Mother Jones” se hubiera llevado a Betty Friedan al Hospital del Bronx donde estuvo o le hubiera comprado un billete de avión a Kenia a ver con sus propios ojos  los cementerios gigantescos llenos de tumbas de bebés con los biberones y los botes de leche de fórmula junto a las cruces y las madres junto a ellos.

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Porque Betty Friedan NO – repito- NO sabía nada acerca de la tragedia sanitaria que suponía, supuso y supone, tanto para países en vías de desarrollo, como para países desarrollados,  el abandono de la lactancia materna (y también la de niños y niñas que comen), cuando escribió “La Mística de la Feminidad”.

 

Y no lo sabía porque CASI NADIE lo sabía, salvo alguna pediatra jamaicana que le gritaba a la cara al Director General de Nestlé, “asesino” o algunas otras que comenzaron la campaña de boicot a Nestlé.

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Tampoco sabía las consecuencias negativas para nuestras crías, de seguir las tesis psicológicas conductistas inventadas por psicólogos HOMBRES machirulos , misóginos y adultocentristas.

Así que hay que avanzar, salir de ahí y seguir teniendo la visión crítica necesaria para EVOLUCIONAR.

Que “deconstruir” queda de lujo como #palabro feminista de moda, pero si no seguimos leyendo e informándonos mejor (y más en temas de Salud de la Mujer y la Infancia), entonces sí que vamos hacia atrás, como los cangrejos y entonces sí que somos unas buenas sumisas del patriarcado.

Detrás de Betty, hay mucho que leer.

En temas de maternidad, puedes empezar, entre las miles que escribieron después de Betty,  por Casilda Rodrigañez, que corrió delante de los grises, por si eso te da un plus de confianza.

Y para el tema de la lactancia, ahora te dejo un montón de enlaces, pero vamos, la Dra. Melissa Bartick te puede sacar en un plumazo de la ignorancia en la que te ves inmersa.

Cuando te hayas leído todo esto, entonces debatimos. Porque que yo empiece a abrumarte con miles de datos , estudios, experiencias, para que al final me respondas “eso es mentira”, como le dijeron a Galileo, así, sin fundamento, ni justificación alguna, me parece una soberana pérdida de tiempo.

Y  me hace sentir, además, como una feminista cualquiera (pero de las que sí que hemos querido seguir leyendo más), sufriendo el “matriarcado” de las que no quieren seguir leyendo, teniendo que justificarnos  constantemente, de la misma forma que tenemos que hacerlo frente a los machistas del patriarcado.

Y porque mientras no lo leas, tú seguirás criticándome porque le hago un “flaco favor” al feminismo (como en el Manual del Perfecto Machista, volumen II) y yo seguiré criticándote, porque prefieres mantenerte en la ignorancia, única y exclusivamente para alimentar tu ego, en vez de agarrar la humildad por los ovarios y abrir esos  libros de otras feministas, y estudios y evidencia científica que te faltan por leer.

Y quiero dejar claro, que me alegro de forma sincera de que los niños y niñas alimentados con leche artificial estén sanos y no hayan sufrido los riesgos cuya existencia demuestra la evidencia científica. Y que sus madres también estén bien. Me alegro de forma sincera.

Pero también me gusta que las demás personas se alegren de que mis hijos estén sanos, física y psicológicamente y que no les llamen maleducados por amamantar largo tiempo. Y menos que lo hagan de forma ignorante, caprichosa y gratuita en “Tribunas”.

Porque aún no he logrado entender el objetivo de todo esto, como no sea querer “deconstruir”, sin deconstruirse una la ignorancia primero.

 

Para saber, ya de una vez por todas algo, un poco, sobre lactancia materna, alimentación de niños pequeños y los riesgos de la lactancia artificial:

 

Edición: Por petición popular , enlazo aquí los post de Pilar Aguilar que han creado todo esto, sin que aún se sepa cuál es su objetivo.

Cuando decide que se le ha quedado un buen día para hablar de “mitologías del amamante” y que todo le parece un “horror”

Cuando todo le parece un “desmelene”

Cuando se le sale la lactancia por las orejas.

Sus reflexiones sobre “lo que ocurrió” en su muro. 

Su post en su “Tribuna Feminista”La lactancia es la leche (a veces, mala)

El post de la “feminista” Maria Luisa Latorre, también desde su “Tribuna”: La mala leche 

PD: No sé qué les pasa a las “Feministas de los libros de los 70 y ya” con el tema de la leche materna, que siempre les parece “mala”. Tendrán que deconstruírselo.

 

Lorena Moncholí Badillo

Abogada colegiada nº14084 ICAV.

Agente de Salud de Base Comunitaria certificada por Salud Pública de la Conselleria de Sanitat de la Comunidad Valenciana y la EVES.

Máster en Bioética, Deontología, Seguridad y Calidad en el ámbito Sanitario por ADEIT, Fundación Universidad-Empresa de la Universitat de València.

Máster en Igualdad de Género por la UCLM.

 

 

www.lorenamoncholi.com

www.mujeresqueactuan.com

 

Imagen: William Stott of Oldham, Reading by Gaslight

 

 

 

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Showing 5 comments
  • Rachel Castillo
    Responder

    Sin palabras, me encantas, me río mucho con tus letras y me veo muy reflejada y recuerdo aquella tarde con tu bebé en brazos y embarazada de nuevo, que me paraste en el curso de lactancia materna y me preguntaste sobre el tándem. Recuerdo momentos mágicos contigo y te llevo en el corazón, junto con tu carta a “mi Doula” y tu espejo de una mujer con un unicornio y un león, momentos y palabras que resonarán por siempre en mi Alma, vida tras vida. Gracias por compartir conmigo tan grato camino. Un abrazo mujer poderosa.

  • Maria
    Responder

    Qué bueno el comentario sobre Nestlé, el liberador de mujeres. Estas feministas que no quieren leer más, cuyo feminismo se ha quedado obsoleto y ha girado hacia el machismo (sí, a mí también me parece que una mujer que dice talibana de la teta para insultar a otra madre es lo mismo que esos machistas que llaman feminazis o hembristas a las feministas), suelen mencionar a Elisabeth Badinter y sus obras, que ponen la crianza natural, la lactancia, etc a caer de un burro. Y a nadie, nadie de entre esas supuestas feministas, se le ha ocurrido leer la biografía de Badinter, que oh sorpresa, muestra que es una hija privilegiada de ese capitalismo blanco, occidental, machista, patriarcal y rico que mencionas. Es la propietaria y directiva de Publicis, una agencia de publicidad poderosísima, que entre sus principales clientes cuenta con… Nestle. Que casualmente es uno de los productores de leche artificial mas importantes del mundo. Eso entre otras empresas que fabrican pañales desechables, productos para bebes y lactantes, etc. Cada vez que una mujer da lactancia prolongada, usa pañales reusables, no usa chupetes o tetinas, etc Badinter y su familia dejan de hacer caja. Porque su imperio económico está basado en vender cosas y que otros compren cosas constantemente. Las madres y las familias, también. Sorpresa.

    • Lorena Moncholí
      Responder

      Increíble pero cierto! Muchas gracia spor tu aporte María. Un abrazo!

  • Flora
    Responder

    ¡Fue una delicia leerte!

    A veces, cuando leo a algunas personas pseudofeministas como la de “la tribuna” que mencionas, pienso “ojalá no lo lea nadie de la gente que conozco, o lo usarán para argumentarme que ” el feminismo es una estupidez””.

    En verdad vivir donde vivo, pensando como pienso, es un calvario; la mayoría de la gente ve el machismo como algo normal y las chicas que se dicen feministas toman lo que les conviene del feminismo y lo que creen que les conviene del machismo (que, si salen de compras junto con amigos varones, los amigos deben pagarle lo que ellas compraron, por “caballerosidad”) y a eso esas le llaman feminismo.

    • Lorena Moncholí
      Responder

      Mil gracias por tus comentarios! me animan a seguir en la lucha!

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