Así se corta de raíz el Maltrato Institucional

Uno de los mejores regalos que me dan mis talleres es conocer a personas maravillosas que me sorprenden por su compromiso con la sociedad en la que viven.

Entre esas personas, hay una pareja en concreto que admiro muchísimo. Me encanta su activismo. Tras conocerles, les sigo por Facebook. Siempre están metidos en historias, intentando cambiar lo que les rodea, actuando, manifestándose, tomando partido.

Cuando Rut contactó conmigo, su hijo iba a ser sometido en breve a una importante operación de corazón y quería asegurarse de que sus derechos en el hospital iban a ser completamente respetados.

Una de las pruebas que debían hacerle al pequeño antes de la operación era, evidentemente, un análisis de sangre.

El día del análisis, a cinco días de la operación, llegaron puntuales al Hospital con su hijo en ayunas.

En la Sala de espera del Área de extracciones, fueron testigos de cómo los niños eran prácticamente arrancados de los brazos de sus padres y obligados a entrar solos para realizar los análisis. Los lloros se oían a distancia y las caras de póker de los padres al quedarse allí plantados sin sus hijos se sucedían una tras otra.

Cuando les llegó el turno, se disponían a entrar madre e hijo cuando la enfermera les indicó que el niño debía entrar solo.

Como no podía ser de otra forma, Rut se negó, y ahí empezó el típico rifi-rafe en el que el profesional sanitario ve cómo sus argumentos basados en su amado protocolo o en el “siempre se ha hecho así” se van desmoronando ante la simple, llana y evidente Patria Potestad. Entonces empiezan a ponerse nerviosos y, salvo que te mantengas muy firme en tu postura, todo se sale de madre.

Rut tenía las cosas muy claras y aun así le costó bastante salir airosa de la situación sin sentido en la que se encontraba. Como no iba a dar su brazo a torcer, finalmente le dijeron que, si se empeñaba en entrar con su hijo, tenían que esperarse los últimos para realizar el análisis (recuerdo para el lector: niño en ayunas a cinco días de operación de corazón). Nueva negativa de Rut y, ante ello, la famosa y cansina frase “Es el protocolo”.

Cuando Rut exigió que le enseñaran dónde estaba ese “protocolo”, le mostraron esto, que algún incauto se había atrevido a dejar por escrito:

Carta de reclamación - extracción de sangre a niños

 Los dejaron los últimos.

Pero la cosa no fue mejor cuando entraron en la cabina de extracciones, ya que se encontraron con una enfermera histérica que puso muy nervioso a su hijo, haciéndole llorar y encarándose con Rut.

Vamos, que la buena señora se había olvidado por completo de que, como usuarios del hospital, les debía a Rut y a su hijo, por ley, el máximo respeto.

“Quiero poner una reclamación para que esto no vuelva a ocurrir”, me dijo, sabiendo además que no volverían jamás a ese lugar.

“Los siguientes te dan las GRACIAS. Y yo también”, pensé.

Y nos pusimos en marcha. Esta situación iba a acabar.

¿Fue fácil? No. ¿Nos dimos por vencidos? Nunca.

Recuerdo la primera contestación que recibimos del Hospital:

Viñenta ordenador

No tiene desperdicio:

respuesta del hospital por la carta de reclamación

¿Veis como no miento cuando aseguro que en muchos hospitales de nuestro país se pasan el interés superior del menor por el mismísimo arco del triunfo?

El “Pensamos que en la medida de lo posible, los padres deben facilitar el trabajo de los profesionales”, no hace más que ratificar el resultado del estudio que os mostré aquí.

Vale, Rut”, le dije, “Segundo Asalto. No nos rendimos, ¿verdad?
“No”, me respondió.

Con esta respuesta que nos dio el Hospital, la carta al Síndic De Greuges (Defensor del pueblo de la Comunidad Valenciana) fue memorable.

Y tras nuevas cartas, esperas y nuevas aclaraciones, finalmente lo conseguimos ( 😉 pssst, pssst, ¿ sabéis?… les quedó claro lo del interés superior del menor):

respuesta sindic de greuges

 ¿Tanto tiempo necesitaron para entender lo obvio?

¿Por qué tenían en aquel hospital un protocolo en contra de la ley?

¿Por qué aquella enfermera lo seguía a ciegas?

Aquellos padres me dieron las gracias. “¿A mí?”, les respondí. “Gracias a vosotros por vuestro civismo y conciencia social. ¡Y gracias por darme la oportunidad de ayudaros!”

Y cuando lo difundí por Facebook añadí:

Y tú, ¿qué haces cuando te encuentras ante un protocolo hospitalario sin sentido?

¿Te ha ocurrido algo similar? ¿Cómo has salido de la situación?

Nos vemos por las redes. Un abrazo.♥

Lorena.

PD: El final de esta historia lo puedes ver en el post: Gracias Defensor del Pueblo de la Comunidad Valenciana 

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