Qué hacer cuando te encuentras ante un protocolo hospitalario en contra de la ley

In parto

Cargártelo. Así de fácil.

Mi profe de Lengua me enseñó que para redactar una historia lo mejor era seguir el esquema: introducción-nudo-desenlace.

Pero hay temas en los que directamente hay que pasar al desenlace y dejarse de rollos y cuentos chinos, así que empiezo por el final, dando la solución:

Cargártelo.

La carrera de Derecho fue a veces dura para mí. En ocasiones me resultaba tediosa y llena de contenidos que debía engullir, para luego soltar sin más en un examen y olvidar para siempre. Contenidos que previamente habían sido engullidos y soltados sin piedad por profesores que no tenían el más mínimo interés en formar buenos y brillantes abogados librepensadores, sino que querían acabar su —también— tediosa jornada laboral.

Uno de los temas que me resultaba particularmente aburrido y carente de sentido era el uso de los denominados latinajos, es decir, palabras o locuciones escritas en latín que expresan principios generales del Derecho, acciones legales a ejercitar, etc.

Mientras nos llenaban el coco con Indubio pro reo, Iuris et de Iure, Pacta sunt servanda, Par conditio creditorum y demás rollos romanos, nuestras ansias por cambiar el mundo iban disminuyendo.

Aún recuerdo aquel examen oral de Derecho Civil II, en el que el profesor me miró a los ojos con ironía (y la media sonrisa esa de “te voy a fundir”) y me dijo: “Por favor, dígame la definición de obligación en latín”.

Y yo, con la misma mirada irónica (y la media sonrisa esa de “te vas a cag***”) le contesté: “Obligatio est iuris vinculum, quo neccesitate adstringimur alicuis rei solvendae secundum iura nostrae civitatis”.

Hay testigos.

Con razón en 2011 se presentó al Consejo de Ministros un Informe de la Comisión de modernización del lenguaje jurídico que, entre otras medidas, proponía sustituir los arcaicos términos jurídicos por términos del lenguaje común siempre que fuera posible, para que el ciudadano pudiera entender de qué narices se hablaba en los Juzgados.

He borrado casi todos los latinajos de mi mente y lo he hecho a conciencia. Cada vez que necesito utilizar uno, voy a una diccionario jurídico y lo leo.

Sin embargo, hay algunos que se quedan grabados a fuego y ya no te los sacas ni con espátula.

Uno de ellos es éste: Costumbre contra legem.

Podría decir Costumbre en contra de la ley, pero directamente es que no puedo. No me sale. Me sale Costumbre contra legem.

Se trata de un tipo de costumbre (un uso implantado en una comunidad), que no es aceptada en nuestro ordenamiento por ir contra lo dispuesto en las leyes, que son jerárquicamente superiores a la costumbre.

Hay un caso de Costumbre contra legem que seguí con especial expectación por ocurrir cerca de mi casa y porque sació mi sed feminista de justicia.

Fue el de la Comunidad de Pescadores del Palmar, un pueblecito a orillas de La Albufera de Valencia, que ostenta el monopolio de pesca en dicho lago desde la Edad Media.

El pequeño problema de dicha Comunidad era que —basándose en una costumbre histórica— negaba en pleno siglo XX el derecho de las hijas de los pescadores a ejercer tal oficio, de manera que sólo se podía desempeñar por los hijos varones.

Algunas valientes hijas de pescadores, como siempre suele ocurrir, dijeron basta e iniciaron un batalla judicial que comenzó en 1997 y acabó con una Sentencia del Tribunal Constitucional en 2001 que les daba, evidentemente, la razón y erradicaba aquella Costumbre contra legem, es decir, contraria al principio de igualdad consagrado en nuestra Constitución.

Todo esto que os cuento para explicar qué siento y pienso cuando me encuentro ante protocolos de hospitales que, directamente, por el morro y sin miramientos, se redactan en contra de la ley.

Uno de los últimos que he podido conocer, me dejó durante segundos en K.O. técnico.

Estaba yo un día buceando por Facebook la mar de contenta echando a perder mi tiempo productivo, cuando de repente me encontré con un artículo de una página de crianza denominada Crianza Natural.

En dicho artículo se hablaba de la visita a una “casa de partos” de un conocido hospital de la provincia de Valencia.

La cosa iba de maravilla, realmente me estaba gustando lo que leía hasta que, de repente, me encuentro con esto:

…puede entrar un acompañante para el parto, sea la pareja u otro familiar que la madre elija, si bien dos personas pueden alternarse en el acompañamiento al parto. El tema de las doulas lo han estado considerando detenidamente, si bien han llegado a la conclusión de que la figura profesional que debería liderar el acompañamiento emocional debería ser la matrona. La entrada de otro tipo de profesionales diferentes a la matrona podría restar contacto emotivo.

redes

A mi cabeza llegó irremediablemente el latinajo:

¡Oh, Dios mío!… Detectado Protocolo Contra Legem.
¿Por qué tengo que leer yo esto?

No me creo, de verdad, que estos señores hayan considerado “detenidamente” el tema del acompañamiento de las Doulas y, si ha sido así, seguro que no ha sido en el despacho del Asesor Jurídico del hospital. De lo contrario, no se entiende.

La Ley de la Comunidad Valenciana es clara, tajante, cristalina y no permite albergar el más mínimo género de duda con respecto a esto:

Y fijaos que no escribo “la mujer tiene derecho a…”, “es su derecho…” “la mujer podrá…”.

No.

Yo ya he pasado pantalla, yo ya estoy en level 2 con respecto al tema de la comunicación positiva y los derechos de las mujeres. Mis afirmaciones son rotundas, contundentes y en presente:

La mujer embarazada entra
a parir
con la persona que le de la real gana.

Y ahora, ¿qué tenemos que hacer?

Cargárnoslo, claro, como decía al principio.

Habrá que dejarles claro a los señores de dicho hospital que vamos a entrar a dar a luz con quien nos apetezca, les guste o no.

Habrá que enseñarles que cuando se piensa detenidamente en un protocolo, lo primero que hay que hacer es pensarlo bien, es decir, que cumpla la ley, porque de lo contrario estamos ante un Protocolo contra Legem.

Habrá que enseñarles a respetarnos como muchas de nosotras hicimos ya con el Hospital Provincial de Pontevedra. ¿Os acordáis?

Para quien se perdió aquella historia, os hago un breve resumen.

Una mujer publicó en Facebook la foto de un insultante cartel colgado en una sala de espera del Hospital Provincial de Pontevedra, que indicaba: “Prohibido Doulas”

Era éste:

doulas-prohibidas

A algún profesional sanitario se le debió olvidar su obligación legal de respeto a los ciudadanos y pensó que podía colgar este cartel en un lugar público que pagamos todos con nuestros impuestos, para impedir a las mujeres usuarias de dicho Hospital, el ejercicio de sus derechos reconocidos expresamente en la ley.

Vaya despiste, majete. Te luciste.

La foto se compartió muchísimo y la noticia corrió como la pólvora, con la consecuente indignación de muchas mujeres. Y actuamos, claro.

No sé cuántas reclamaciones recibirían, la verdad, pero las suficientes para que obtuviéramos una respuesta rápida, clara y contundente por parte del Servicio Gallego de Salud (esta vez supongo que contando con el correspondiente asesoramiento jurídico adecuado).

La respuesta fue ésta:

Xunta-Galicia

El Servicio Gallego de Salud no pudo más que reconocer lo que dice la ley:

La Dirección no realiza filtraciones ni filtros, promoviendo y facilitando el libre acompañamiento de la usuaria por la persona que ella elija

Lo bueno de la historia es que, comentando la respuesta de la Administración en el muro de Facebook de Mónica Felipe-Larralde, apareció aquella mujer que había hecho la foto y nos contó que nada más hacerla y publicarla en Facebook arrancó el cartel ella misma con las manos.

Buenísimo: nosotras liándola parda y el cartel ya no estaba. Vaya listillos los del Servicio Gallego de Salud diciéndonos que el cartel lo habían retirado de inmediato.

Lo mejor de todo es pensar que aquel incauto profesional sanitario que se atrevió a insultar a las mujeres usuarias de su Hospital recibió información valiosa para no volver a hacerlo más.

Mujer anónima que publicó aquella foto: si me lees, contesta a este post, por favor, ya que no te he podido encontrar para darte las gracias por tu acción.

Gracias.

Nos vemos por las redes. Un abrazo


 

 

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